Y tiene gracia que
me den ganas de gritar a los cuatro vientos que me da igual, que vuelvo a ver
todo con los mismos ojos de siempre, con los que paso de los labios de
cualquiera y evito historias de amor que hacen sentir más de lo que quiero
soportar. Y tiene gracia como nunca le habría querido confesar a alguien cómo
necesitaba ver esa mirada todos los malditos días para sentirme ridículamente,
pero exageradamente, bien. Y querría ir, plantarme y decirte todo sin problemas, hacerte saber que nunca jugué y aún así sentí que perdí, pero ahora he
vuelto a recordar que un juego con tantas sensaciones de por medio nunca me
había gustado. No quiero correr el riesgo de que me vuelvas a mirar con esa
mirada y agarrar la cintura con tus manos pero ahora, ahora me da igual. Y
siente bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario